El mejor trabajo del mundo

5 de diciembre, 2019

Si tuviéramos que decidir entre todos cuál es el mejor trabajo del mundo, seguramente entraríamos en un debate infinito de esos en los que el mejor argumento solo puede ser el clásico «y yo más». Está claro que existen trabajos tremendamente duros, trabajos complejos frente a otros más sencillos, mejor y peor remunerados, pero, ¿cuál es el mejor? ¿Cuál es el peor?

Suponiendo que cumplamos la regla de las 8 horas de trabajo, 8 de sueño y 8 de ocio, dedicamos a trabajar un tercio de nuestro tiempo diario. Debido a este fenómeno, la importancia del tiempo que pasamos en una fábrica, en una oficina, en un vehículo de trabajo, haciendo visitas comerciales, etc., es muy alta.

Para conseguir los mejores resultados para la compañía, el empleado debe tener una serie de beneficios que van desde la remuneración económica hasta las vacaciones, pasando por todo tipo de derechos laborales que se han ido afianzando a lo largo de los años, en especial durante el último siglo. Este tipo de beneficios son más o menos comunes a todos los trabajos, y es evidente que, cuanto más proporcionales a la labor del trabajador, más y mejores consecuencias tienen en cuestiones como la productividad y la salud física y mental. ¿Cómo conseguimos convertir un buen trabajo, un trabajo con beneficios y bien remunerado, en el mejor trabajo del mundo?

La clave en muchos casos pasa por la aplicación de programas de incentivos y motivación. Este tipo de programas se basan en técnicas y metodologías de marketing y buscan mejorar la relación entre dos partes, en este caso entre el empleado y el empleador, a través del intercambio de beneficios.

Un buen plan de incentivos laborales puede marcar diferencias muy relevantes e incluso llamativas a la hora de conseguir objetivos de productividad. El incentivo se puede definir como el elemento real o simbólico que nos mueve a realizar una acción. Los incentivos laborales pueden ser de tipo económico (complementos salariales, productos gratuitos, descuentos en marcas, etc.) o de tipo no económico, también llamados incentivos sociales, morales, etc.

Además de tener efectos en la productividad de una compañía, un plan de incentivos puede ser un método sencillo para la evaluación del rendimiento de los empleados, la detección temprana del talento, así como la retención de dicho talento. En términos de employer branding, dar a conocer los beneficios en forma de incentivos de la empresa puede ser de gran ayuda a la hora de captar talento.

La duda de muchos empresarios a la hora de implementar este tipo de planes suele venir de la parte de los costes. A la hora de diseñar el plan, es importante tener en cuenta que gran parte del coste de las acciones de incentivación estará más que cubierto por el incremento en la productividad de los empleados.

El mejor trabajo del mundo es sin duda aquel en el que el trabajador está cómodo y ve recompensados sus esfuerzos. Implementar un plan de incentivos laborales en la empresa es un gran paso para conseguir que la motivación sea el descriptor principal de la labor de los empleados, clave para unos resultados óptimos y unos niveles de productividad que permitan a la marca destacar frente a su competencia.

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